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Corría el mes de junio del año 1992 en la Localidad de Ministro Ramos Mexia, centro de la Meseta de Somuncura, en la Línea Sur.

No hacía mucho que había llegado a vivir allí, por traslado de mi esposo. 

Yo me encontraba cumpliendo funciones en el Puesto Sanitario, allí no había Hospital y dependíamos del más cercano que era el Hospital Dr. Adolfo Feintuch, de Sierra Colorada, distante a unos 50 km.

Un cambio tremendo de trabajo, en una localidad chica es todo más familiar y más tranquilo.

Yo recién estaba conociendo a la comunidad. De algunas familias ya sabía sus problemas de salud, mayormente de los casos  crónicos, y estaba informándome a través de los Agentes Sanitarios, de otros casos particulares.

Ellos son los que recorren y conocen a las familias con sus particularidades.

Acá teníamos solo la contradicción de que al haber un solo Médico, y cuando hacía uso de su licencia, se iba del pueblo, por lo que no quedaba nadie en su reemplazo.

Tenía otros compañeros Enfermeros, pero trabajábamos uno por turno. 

Si bien al cambio de guardia mi Colega me contaba las novedades, yo me aseguraba de que esté todo en condiciones. Cada uno es responsable de su turno .

Allí la Enfermera aparte de sus funciones, hacia de todo, por lo que no me quedó otra opción de adaptarme. 

Igual nunca tuve muchos problemas en ese sentido, y lo que no sabía, lo aprendía.

Inviernos muy fríos, y allí no había gas, todo era a leña, a electricidad o a combustible.

Teníamos calefacción a querosene, por lo que llegaba al Puesto y con un bidón llenaba el tanque que estaba por fuera del puesto, para asegurarme que dure  prendido toda la noche. 

Esto entre otras actividades que no eran de Enfermería pero eran parte de lo social y cultural también.

Si algo he aprendido es que en cada lugar que cumpla servicio, debo saber adónde está cada cosa. Al menos tener un mapa mental, como le decimos. 

Que lo esencial como lo son la Caja de Emergencias, de Partos, o de Convulsiones que tenemos en cada dispensario de Salud, siempre deben estar a mano y visibles.

Que la medicación de urgencia esté con su rótulo y con su fecha de vencimiento controlado. 

Siempre reviso que el tubo  oxígeno esté cargado y al alcance.

Siempre trabajé así hasta el día de hoy, y eso me da la seguridad de saber que lo poco o mucho que tengamos están en condiciones, al alcance y que el primer soporte vital que es el oxígeno, siempre esté listo para usar. Los pacientes o usuarios, son la prioridad y es a ellos a quienes debemos cuidar y brindarles lo mejor. 

Ese día ingreso en el turno de 22 a 06 hs. Noche muy fría pero con una luna nueva enorme que daba claridad.

Tipo 02 hs de la madrugada escucho que para un vehículo y siento gritos desesperados de una mujer.

Corro hacia la puerta para interceptarlos, y un Señor mayor bajaba a una niña de unos 12 años , colgando en sus brazos como desmayada.

La Sra. que gritaba, era la madre de la niña, y desesperada pedía por la vida de su hija. 

 ...." Ayuden por favor, se me muere "

 Corremos  todos hacia adentro, abro el consultorio que tiene el tubo de oxígeno , la acuestan y veo que es un estado convulsivo. Lo que decimos en términos de salud , era una convulsión tónica clónica. 

Despedía espuma blanca por la boca, su cuerpo se endurecía acompañado de movimientos violentos, con estado de inconsciencia.

Coloco inmediatamente el oxígeno y le pido a su mamá que la sostenga ya que eran muy bruscos sus movimientos convulsivos, y podía caerse. Yo debía buscar ayuda. Hago una serie de  preguntas, siempre con calma y me dice que la niña es epiléptica y que no está tomando la medicación.

Rápidamente busco la caja de Convulsiones. Allí tenia todo, pero a la vez sabía que tengo que tener indicación médica escrita, para proceder a inyectar algún medicamento, pero acá la situación era de extrema urgencia.

Imaginen el momento, tranquilizaba a los padres, mientras sosteniamos a la niña y a la vez le pedía que se queden ahí y ayuden.

Les informaba que no había médico, que yo debía poner un suero y hablar x radio al médico del  Hospital de Sierra Colorada. 

Teníamos un equipo de handys  y así nos comunicábamos. 

Digo con voz fuerte...atento atento tengo una emergencia con una niña por favor!! 

Yo no podía perder tiempo. Era muy preciado cada segundo para su vida.

Me voy con el Handy al lado de los padres para que escuchen.

Me contestan enseguida.

Me habla el Médico y le cuento el caso. Le informo que padece epilepsia desde chiquita, que hace días no tomaba su medicación . Me indica seguir con oxígeno, colocar una vía parenteral ( suero)  con unas ampollas de medicación diluidas en el sachet y esperar. Luego trasladar.

Si bien sabía perfectamente lo que tenía que hacer y que colocar, necesitaba que ellos también escuchen al Doctor.

Procedo a colocar todo y en cuestión de minutos, diez a lo sumo, ya empezaba a ceder su convulsión.

Ya abría los ojos e intentaba hablar. Miraba desorientada e intentaba levantarse.  

Sus padres la acariciaban y la tranquilizaban.

Recién pude controlar sus signos vitales, que aún seguían algo alterados.

Recién en ese momento, cuando ya estaba todo bajo control y con buena evolución de la niña, es que llamo e informo al Enfermero y al Chófer de guardia pasiva. 

Se prepara todo y la trasladan al Hospital Dr. Feintuch, donde la esperaban para su evaluación y posterior tratamiento.

Cabe acotar que el Aura Epiléptica, es una señal que se les presenta a quienes padecen ésta enfermedad, minutos antes.  

Se manifiesta de varias maneras y les da tiempo para avisar, siendo de gran importancia para su  seguridad. 

Esto permite a quien esté en conocimiento de ése aura, resguardar a la persona para evitar caídas, golpes o accidentes de diversas indoles que le pudieran ocurrir.  

Los Padres agradecen a pesar de tan difícil situación, y viajan con ella quien ya respondía a preguntas simples, aún somnolienta. 

La satisfacción que a uno le queda cuando un paciente responde con buena evolución al tratamiento, es muy reconfortante, mas un niño.

Autor: MABEL POBLETE - LIC. EN ENFERMERIA