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Allá por el año 90 , en el Policlínico de la Localidad de Sierra Grande, me encontraba cursando en forma interna, la formación como Auxiliar de Enfermería.  

Éramos varios estudiantes. Tres mujeres de San Antonio y el resto de varias localidades cercanas.

Teníamos una habitación de la Sala de Internación destinada a las mujeres y otras a los varones. 

Compartíamos el aula donde cursabamos la teoría todas las mañanas de lunes a viernes, y las prácticas eran cuando los Enfermeros Coordinadores y Docentes lo consideraban. 

En ese entonces estaban a cargo del Curso de Formación, los Enfermeros Esteban Cayunao y  Fransisco Pedraza. Ellos te convocaban en cualquier momento y más si la actividad era importante para desarrollarla en el aula a nivel teórico .

Recuerdo esa noche , madrugada creo, tocan la puerta de la habitación y nos llaman a presenciar el arribo de un móvil que ingresaba  desde el Paraje Cona Niyeu, trasladando a una persona herida de arma blanca. 

La víctima era un Agente de la Policía, un adulto joven que cumplía servicio esa noche.

Observamos la escena. Mucho no podíamos hacer sin autorización ,por la situación que se vendría a posteriori en cuanto a los peritajes y demás.

Se hablaba de asesinato, de homicidio. También se escuchó decir que lo habían matado por equivocación. Que no era a Él a quien buscaban. Una real tragedia había sucedido y había conmocionado a dos comunidades .

Era el primer caso fuerte, que veía y vivía tan de cerca a mis 24 años. 

Me acerqué a colaborar en lo que me indicaban. Me puse guantes , desaté los cordones de sus borcegos altos, que rebasaban de sangre. Ya no tenía signos vitales. Ya había ingresado sin vida supuestamente.

Me ordenaban limpiar su rostro, y en eso se acercaba el personal de Laboratorio, a extraer una muestra de sangre en zona del rostro más precisamente en el lóbulo del oído externo. 

Se escucha la hipótesis de la causa de su fallecimiento.

Él estaba de guardia con otro Agente en el Destacamento Policial de Cona Niyeu, cuando golpean la puerta. Su compañero no quiso abrir, por lo que Él se apronta a atender y es cuando recibe las puñaladas sin mediar palabras.

Eso decían quienes acompañaban o habían llegado desde el lugar.  

Le cortaron el bazo y se desangró, se escuchaba de otras voces de profesionales. Tal vez sería el médico forense o quienes lo recibieron allí, en la Guardia.  No recuerdo exactamente. 

Posteriormente se preparaba el cuerpo del occiso, para trasladarlo a la morgue y luego se le efectuaría la autopsia, para determinar la causa, modo, y otros detalles de su deceso.

Ese fue mi primer caso frente al trauma, a un hecho estremecedor, a la adrenalina, de que  sin saber estaba realizando los cuidados post mortem. Me quedé mucho tiempo al lado de Él, observando la situación y cuidándolo.

Una gran impotencia y  tristeza me provocaba la muerte de ese hombre. Por la situación en si y además porque vestía su uniforme , por el que juró servir a la Patria y estar al servicio de la comunidad. 

Todo eso quedaba trunco producto de un inadaptado social, de un ser que vaya a saber porque y a quien tenía que herir o matar con tanta hazaña.

Yo en los ratos de silencios aparte de pensar en su familia, pensaba en nosotros, los Estudiantes, en Él que también lo había sido en algún momento. 

Que nos estábamos formando desde otro ámbito, pero como servidores públicos y con esa ilusión de lograr un trabajo con vocación de servicio y ser útil a la sociedad. Él lo había conseguido y lo era. Seguramente lucia con orgullo su uniforme. 

Tristemente la oscuridad de la noche fue la misma que cegó su vida por completo. 

La primer experiencia como Estudiante,  grabada a fuego y que no olvidaré jamás! 

Supe hace poco que el Sr O.V era esposo y Padre de cinco niñas. Que sus suegros y familia actualmente viven en San Antonio y que sus restos descansan en el Cementerio de esta localidad. 

Pasaron treinta y cinco años y está en mi expresar las condolencias para toda su familia. Dios les ha dado la fortaleza y el consuelo que han necesitado.

Sería para mí muy grato conocerlas y poder abrazarlas con cariño y respeto.

Autor: MABEL POBLETE - LIC. EN ENFERMERIA