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Los primeros barcos podrían entrar en seco en Comodoro Rivadavia durante el segundo semestre de 2026, y ese dato cambia la escala de la discusión sobre el astillero. El proyecto dejó de ser una promesa repetida durante años y pasó a medirse por plazos de operación, movimiento de obra y capacidad real para devolverle al puerto una función industrial que perdió hace tiempo. La novedad ya no está en la foto de la recorrida oficial, sino en que la infraestructura empieza a correrse del terreno simbólico y a acercarse al uso efectivo.

El punto más concreto de esa transformación aparece en el cronograma. La administradora portuaria, Digna Hernando, sostuvo a comienzos de marzo que “se está cumpliendo con todos los plazos que estaban previstos en la licitación” y que la expectativa es que el astillero “pueda comenzar a operar con las tareas específicas” durante la segunda mitad del año.

Lo que está en marcha, además, no se reduce a una refacción liviana. La concesión del predio quedó en manos de Astillero Patagonia Naval S.A. desde junio de 2025 y se extiende hasta 2045, con opción de prórroga, dentro de un plan que incluye la modernización del syncrolift, la puesta en valor de talleres y la refuncionalización de los espacios de servicio. Es decir, el objetivo no pasa por reabrir un galpón, sino por reconstruir una pieza industrial completa dentro del puerto comodorense.

La obra, sin embargo, también tuvo que corregir un problema estructural que alteró el proyecto original. Durante la ejecución se detectó falta de capacidad portante en el suelo del sector de vías, lo que obligó a rediseñar el sistema de apoyo para el movimiento de embarcaciones y a sumar una inversión extra cercana a los 3 millones de dólares. La solución elegida fue el hincado de 456 pilotes de hormigón, junto con el recambio completo de las vías y una nueva base para garantizar estabilidad permanente.

Ese ajuste técnico ayuda a explicar por qué la obra se volvió más compleja de lo previsto, pero también por qué hoy se la mira como un proyecto serio y no como una recuperación superficial. En paralelo a los pilotes, avanzan los trabajos sobre el elevador sincrónico de buques, donde ya fueron reparados cuatro de los doce motores y otros cuatro seguían en proceso a comienzos de febrero. A eso se suman el arenado de la estructura metálica, el reemplazo del viejo piso de madera y la reconstrucción casi total del sector de oficinas operativas.

El impacto esperado tampoco se limita al predio portuario. La información oficial y las coberturas sobre el proyecto coinciden en que el astillero fue pensado como una herramienta para diversificar la economía local, fortalecer la logística y generar empleo calificado, en una ciudad demasiado atada históricamente al pulso del petróleo. En esa línea, el gobernador Ignacio Torres sostuvo que “el astillero es una herramienta para diversificar la economía de Comodoro, fortalecer la logística, generar empleo calificado”, mientras medios provinciales y regionales remarcaron que la puesta en marcha empuja nuevas oportunidades para la industria y los servicios asociados.

Por eso el número de puestos de trabajo aparece como una de las claves más observadas alrededor de la obra. La proyección de la Provincia ubica al complejo por encima de los 300 empleos directos e indirectos cuando funcione a pleno, una estimación que ya había sido mencionada durante la etapa de licitación y que hoy vuelve a cobrar peso a medida que el proyecto se acerca a su fase operativa. Más que una cifra de campaña, ese dato empieza a leerse en Comodoro como un posible amortiguador frente a un contexto económico regional golpeado.

También hay una discusión más profunda detrás de la obra: qué lugar quiere ocupar Comodoro Rivadavia dentro del mapa logístico nacional. El astillero promete reparación naval, pero su reactivación también empuja una red de talleres, servicios metalmecánicos, movimientos de cargas y circulación de divisas que puede reposicionar al puerto en la Patagonia. Esa lectura aparece tanto en la administración local como en la mirada del sector empresario naval, que ve en la ciudad una base con ventajas logísticas y fiscales para competir con otros polos.

El tramo que viene ya no se medirá por anuncios, sino por barcos, gradas ocupadas y ritmo de operación. Si el cronograma se sostiene, el segundo semestre pondrá a prueba si la obra consigue salir definitivamente del largo historial de abandono que arrastró durante casi dos décadas y convertirse en una pieza industrial de verdad. Ahí se juega el sentido final del proyecto: no sólo recuperar un predio portuario, sino comprobar si Comodoro puede convertir esa recuperación en trabajo sostenido y en una nueva base productiva frente al mar.

Autor: admin

Fuente: LA 17